Por qué no hablar del vértigo que da sentarse en el precipicio que hay al borde de tus rodillas, las ganas de fumarme a caladas todos tus suspiros, la cabeza cansada de dibujarte a carboncillo, tus recuerdos en blanco y negro, tus dedos, sobre todo tus dedos y esas ganas de nada sin ti y ese vicio del todo contigo ...
Por qué no hablar de comernos sin masticar los roces del saber que te miro...
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